choque femoro acetabular

El choque femoro acetabular es una patología mecánica que se presenta en la articulación de la cadera, cuyo origen es constitucional frecuentemente y que puede afectar a cualquiera de los dos elementos óseos que participan en la cadera: el acetábulo y el fémur.

La cadera es sin duda, la articulación con mayor grado de congruencia articular que tenemos en el cuerpo humano. Formada por el acetábulo ( es la porción articular cóncava de la superficie de la pelvis ) con la cual se articula la cabeza del fémur. Esta patología se caracteriza por un aumento en la fricción, rozamiento o choque   (tal como su nombre indica) entre estas estructuras articulares que la componen.

Distintos estudios han demostrado que el choque femoro acetabular, ( presente entre el 15-18% de la población ), podría ser la causa de hasta el 75% de las artrosis de cadera que precisan de implantación protésica, es decir que 3 de cada prótesis de cadera implantadas se podrían evitar con un correcto y precoz diagnóstico de esta patología articular mecánica.

Una entrevista personal con el paciente para su exploración , además de pruebas diagnósticas tan sencillas como unas correctas radiografía son fundamentales para diagnosticar esta patología.

Causas

Sabemos que esta alteración constitucional se presenta, como comentábamos anteriormente , en un 15-18% de la población pero se desconoce exactamente el por qué unos pacientes tienen síntomas y otros no los desarrollarán durante su vida, tampoco por qué presentándose en ambas caderas ( ya que se trata de una morfología anatómica simétrica ) el paciente sólo desarrolla síntomas en una de ellas. Diferentes estudios intentan dar una razón a esta interesante y apasionante lesión.

Parece ser que la dominancia de una cadera con respecto a la otra, asociado a la dismetría o diferencia en la longitud de ambas extremidades pueden ser factores desencadenantes de los síntomas según un estudio realizado en el Reino Unido.

Sin duda los estudios biomecánicos que estamos realizando con el sensor pélvico nos están aportando valiosa información acerca de la diferencia existente entre ambas caderas en su movilidad y funcionalismo articular, por la existencia de rotaciones pélvicas, anteversiones y retroversiones que condicionan una alteración en la biomecánica no sólo entre pacientes , sino incluso entre las caderas de un mismo sujeto.

El deporte no es el factor de desarrollo de la enfermedad, ya que esta morfología está presente desde los primeros años de vida y parece despertar en una etapa determinada, puede ser que el mecanismo de repetición sea uno de los responsables de su despertar. Otros vinculan la hiperactividad deportiva en edad temprana al estímulo de las fisis de crecimiento de la cadera y el desarrollo de la GIBA femoral.

El choque femoro acetabular suele deberse a la presencia de un abultamiento o prominencia ósea en el cuello del fémur (CAM) o por una excesiva cobertura del acetábulo (PINCER).

El choque tipo CAM acostumbra a ocurrir en pacientes jóvenes, activos y de sexo masculino. La GIBA en el cuello femoral provoca un choque o un aumento del contacto  con el reborde acetabular y va a producir una lesión en el labrum acetabular así como en el cartílago adyacente del acetábulo.

El tipo PINCER está producido por un aumento de la cobertura de la cabeza femoral a expensas del excedente óseo que se presenta en el borde anterolateral del acetábulo que protuye y choca con el cuello del fémur en gestos de flexión y rotaciones de cadera. Ocurre más frecuentemente en mujeres atléticas de mediana edad.

Los traumatismos en la cadera, fracturas y luxaciones pueden ser causa de un choque femoro acetabular ( no constitucional) que pueden provocar esta patología. La práctica de ciertas actividades deportivas de contacto pueden estar más directamente relacionadas con la aparición de los síntomas en nuestros pacientes ( futbol, tenis, artes marciales ).

Síntomas

Los síntomas del choque femoro acetabular son variados y a menudo no están todos presentes en el mismo paciente. Suele iniciarse por un dolor que localizamos en la zona pélvica, de características mecánicas frecuentemente , ya que suelen aparecer al hacer alguna actividad física, o bien después de algún esfuerzo , aunque también puede ser que no haya una causa desencadenante.

Después de una caminata excesiva, de un día de esquí intenso, de una carrera running , empieza a manifestarse en la mayoría de los casos como un dolor inguinal y con menor frecuencia en la región trocanterea (cadera), glúteos o en la cresta ilíaca. Este síntoma inicial ( dolor inguinal ) suele relacionarse habitualmente con una tendinitis de abductores o diagnosticarse como una pubalgia.

Suele mejorar con el tratamiento inicial con anti inflamatorios y fisioterapia, pero nos debe alertar que reaparece al reiniciar la actividad física habitual.

Son frecuentes los diagnósticos erróneos, por aquellos especialistas que no están familiarizados con este síndrome: osteopatía de pubis, pubalgia, tendinitis de repetición...y las terapias empleadas son ineficaces y frustrantes para nuestro paciente. También puede manifestarse como una lenta pérdida de la movilidad del juego de la cadera, a veces sin dolor alguno.

El dolor de forma progresiva, se desplaza o se “ traslada “ hacia otras localizaciones, cara lateral del muslo (en la zona del trocánter) y cara posterior de la nalga o glúteo, incluso puede irradiarse hacia la rodilla y quedarse el dolor reflejado de forma tan intensa en esta articulación, que puede ser motivo de consulta ,pruebas y estudios con la intención de averiguar si todo proviene de aquí. El dolor lumbar y en la zona sacro iliaca es frecuente en pacientes con episodios de meses de duración del dolor, por descompensación mecánica al andar o al posicionarnos de forma involuntaria intentando evitar el mecanismo que nos provoca dolor.

El dolor se “ mueve”  y a la vez que desconcierta (tanto al paciente como al médico o profesional que trata esta lesión ), aparecen otros diagnósticos: trocanteritis, bursitis trocantérea, ciática, patología discal …llegando incluso a  que algunos de los pacientes acaben en la consulta de un psiquiatra por si el dolor es psicosomático o fruto de nuestro estrés.

Hemos de entender que la articulación de la cadera, es una de las más protegidas y congruentes del cuerpo humano. La relación anatómica entre la cabeza del fémur y el acetábulo es sin duda la de mayor complicidad articular que existe, pequeñas diferencias en milímetros de una parte o de la otra pueden desencadenar esta incongruencia mecánica articular y provocar un aumento del roce con la consiguiente inflamación, y lesión de nuestro “menisco en la cadera” o LABRUM generando un proceso degenerativo a nivel del cartílago articular que en las primeras fases solo afectará al grosor de éste, pero con la evolución de la patología condicionará una pérdida más extensa llegando a la artrosis de cadera si no se trata de forma adecuada.

Los grupos musculares que intervienen en el funcionalismo de la cadera , son  todos ellos en su mayoría, músculos de trayecto largo y que tienen su origen en la zona pélvica (recto anterior, sartorio, tensor de la fascia lata, glúteo, isquiotibiales…) y que van a insertarse en la zona de la rodilla por lo que su inflamación , sobrecarga o mal funcionamiento puede provocar esos dolores que llamamos “irradiados “ o referidos, y que hace que el dolor se propague o “ mueva “ hacia otras localizaciones distantes a la cadera , pudiendo generar esa confusión en el diagnóstico y confundir al especialista que lo trata.

El dolor lumbar, o sacro iliaco es también motivo de confusión y nos obliga a un estudio minucioso de nuestros pacientes para valorar la morfología de la cadera y realizar un correcto diagnóstico diferencial ante la posible existencia de un síndrome femoro acetabular, asociado o no a otras lesiones articulares fruto de este conflicto mecánico.

Habitualmente el dolor se pone de manifiesto al realizar flexión de la cadera, acompañado de una rotación interna, es entonces cuando aparecerá dolor en la zona inguinal. Pero también puede aparecer el dolor al hacer flexión y rotación externa en la zona de la nalga.

Tipos

Por choque femoro acetabular, entendemos un problema mecánico derivado del conflicto entre dos superficies articulares: el fémur y el acetábulo.

Están descritos 3 tipos de choque  o conflicto femoro acetabular:

  • El tipo CAM: causado por un sobre crecimiento óseo de la llamada “zona de transición” entre la cabeza y el cuello femoral, por lo que al realizar la flexión y la rotación de cadera, ese sobre crecimiento o GIBA  choca o produce un “impingement” o rozamiento  contra el labrum y el acetábulo
  • El tipo PINCER: se caracteriza por un sobre crecimiento óseo del borde o margen acetabular (como una visera o toldo) que provoca el roce contra la cabeza del fémur y su cartílago al flexionar y rotar la cadera.
  • El tipo MIXTO: en donde nos encontramos las dos morfologías antes expuestas , la GIBA y el PINCER . Es sin duda uno de los más frecuentes , llegando a representar el >68% del total de los diferentes tipos de choque femoro acetabular.

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